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THOR: RAGNAROK

THOR: RAGNAROK

Luego de que Loki (Tom Hiddleston) usurpara el trono de Asgard de su padre adoptivo Odin (Anthony Hopkins) y lo desterrara a la Tierra, Thor, Dios del Trueno e hijo de Odin (Chris Hemsworth), parte en su búsqueda, sólo para encontrarlo debilitado y descubrir que al mismo tiempo, eso ha despertado a su hermana mayor, Hela (Cate Blanchett), diosa de la Muerte, y deseosa de venganza contra Odin.

Thor es incapaz de evitar que Hela llegue a Asgard luego de que ésta lo expulsara del Byfrost, el puente que une la Tierra a su reino de origen, y termina por ser capturado por Walkyrie (Tessa Thompson), una mercenaria que lo vende al Grandmaster (Jeff Goldblum), líder de un extraño mundo cuya existencia gira en torno a las luchas a muerte que éste organiza.

Para lograr su libertad y así volver a defender a Asgard de la destrucción, Thor deberá vencer en la arena al luchador estrella de Grandmaster…el gigante verde llamado Hulk.

Sin ser malas, las anteriores películas de Thor no habían logrado impactar en el inconsciente colectivo como sí lo habían logrado las demás películas del universo cinematográfico Marvel, como fue el caso de Ironman, Capitán América, Guardians of The Galaxy o los propios Avengers.

Podríamos atribuirlo a que los trabajos de Kenneth Branagh (2011) como de Alan Taylor (2013) se tomaban su base demasiado en serio. Estamos hablando de un personaje basado en la mitología nórdica, y aunque es loable la intención de ambos realizadores por poner al personaje en historias épicas, en verdaderas epopeyas, lo cierto es que tan altas pretensiones terminaban a la larga o a la corta, jugándole en contra a las películas. Cierto, tenían momentos memorables, pero en el global, tanto Thor como The Dark World no lograban cuajar del todo.

La tercera parte de la serie, Thor: Ragnarok, va por otro lado. A cargo del celebrado director neozelandés Taika Waititi (responsable de las notables What We Do In The Shadows, Hunt For The Wilder People y la sitcom Flight Of The Conchords), el cambio de registro de la saga es evidente, y le favorece mucho.

La mano de Waititi, la misma que le ha dado muy buenos resultados y un buen nombre en el cine estadounidense, se nota en el humor que le pone a la historia –y qué le hacía harta falta- bajándole la solemnidad de cuyo exceso pecaban las dos películas anteriores, pero cuidando que los personajes de este subuniverso mantengan su contenido y profundidad. Waititi equilibra las cosas de modo que la historia resulte más liviana, más fácil de entender y de retener, sin caer en lo derechamente estúpido. Existe la creencia de que simple y tonto son sinónimos, cosa que ha mandado al carajo a muchas producciones a lo largo de la historia. No es el caso de Thor Ragnarok, línea que ya vimos hace poco con su antecesora del universo Marvel, Spiderman Homecoming, en cuanto filmes que no por no tomarse en serio, se convierten en un descalabro.

Es que simplemente Waititi supo encontrar el lugar exacto de Thor en todo esto: una aventura de matiné. Thor Ragnarok perfectamente puede emparentarse con las películas de Conan que Arnold Schwarzenegger protagonizara durante la primera mitad de los ochenta, o con cómics europeos inspirados en fantasía épica como los publicados por esa misma época en publicaciones europeas como Metal Hurlant. El muy buen soundtrack de Mark Mothersbaugh (miembro fundador de la inolvidable banda electropop Devo), la tipografía y la forma de narrar ayuda a pensar en ese sentido. Concebida así, Thor Ragnarok es una experiencia realmente grata, y por lejos uno de los filmes más entretenidos de la temporada.

Incorporando personajes nuevos que constituyen aportes interesantes (no vamos a poner en duda a estas alturas el talento de Cate Blanchett y la comodidad con la que se desenvuelve en el formato del blockbuster) y dejando afuera a algunos que, seamos honestos no extrañamos (sí, amamos a Natalie Portman, a Kat Dennings y don Stellan Skaarsgard nos parece un caballero muy respetable, pero aquí hubieran desentonado totalmente), y rescatando a uno de los más importantes del universo Marvel como Hulk, ausente de las recientes entregas de la saga, las dos horas diez minutos que dura se hacen cortas. Clara señal de que Waititi no se mareó con los presupuestos altos, y que la película, como fuente de lisa y llana diversión, cumple con creces su cometido.

Como siempre, quédense para los créditos y busquen el cameo de…ya saben quien.

Lobo Cinepata

Crítico de cine y blogger por ya más de 10 años, nuestro querido Lobo Cinépata se ha destacado por mantener una aguda pero justa mirada al mundo del cine y la televisión.

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