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EL BAR: ALEX DE LA IGLESIA ATACA DE NUEVO

EL BAR: ALEX DE LA IGLESIA ATACA DE NUEVO

Es una mañana normal, en un concurrido barrio del centro de Madrid, y un grupo de personas, desconocidas entre si, desayunan en un bar de la ciudad. Todo es absolutamente normal, y a nadie le sorprende que un individuo entre corriendo al baño del local con evidentes ganas de vomitar.

Pero cuando dos comensales abandonan el local y son baleados ni bien ponen un pie afuera del local, provocando la huida de todos los transeúntes, y aislando a estos desconocidos dentro del inmueble.

Forzados a compartir un espacio que dista de ser el ideal, este grupo deberá sobreponerse a sus abismales diferencias, si es que esperan soportar una larga y angustiante jornada, que no ha hecho mas que comenzar…

Para nadie es un misterio que Alex De La Iglesia es dueño de una de las carreras mas interesantes, influyentes y respetables del cine hispanoamericano, y por eso cada uno de sus estrenos, muchas veces pasando muy piola, sin mayores auspicios, con un severo desfase y en contadas salas y funciones, es recibido con ansias.

La especialidad de De La Iglesia, son los personajes que están al borde, expuestos a situaciones extremas que llevan a estos individuos a limites insospechados, por bajos que estos sean. Se trate de un cura intentando evitar el armagedon, de una pareja de humoristas boicoteando el éxito de otros, o de una pareja de payasos sobrepasados por sus egos.

En el caso de El Bar, recurre a un plot que se ha visto antes: grupo de desconocidos obligados a enclaustrarse en un lugar para enfrentar una amenaza de la que ninguno sabe nada. Simplemente tienen que estar ahí tratando de encontrar una solución y soportarse entre si mientras dure la contingencia (siendo La Niebla –Frank Darabont, 2007- la referencia mas próxima en este sentido).

Ahora bien, De La Iglesia (una vez mas guionizando una idea propia, con la colaboración de su habitual Jorge Guerrica-Echeverria) aplica esta formula pero introduciendo algo de su propia cosecha. Primero, se trata de un grupo humano pequeño, que podria parecer que hace mas fácil su situación, pero ni tanto: mientras en una comunidad mas grande es mas fácil escoger lideres y que estos armen sus equipos, en este puñado de personas encerradas en este local cada uno rema para su lado. Hay alianzas ocasionales, por cierto, pero bien en el fondo son personas que quieren cada uno salvar su propio trasero, no importan a quien deban pasar a llevar o utilizar.

Porque aquí hay otra salvedad: no hay un protagonista definido. No tenemos un héroe o heroína o villano o antagonista definido. Si hay películas en que al espectador aparezca siquiera un personaje que nos caiga bien, uno que nos gustaría que se salvara, en este caso no sucede. Cada uno de los involucrados en la contingencia, por mucho que se colaboren entre si a ratos, lo cierto es que no se caen bien entre si, y por lo mismo nadie nos puede convencer de que nos caigan bien a nosotros.

De La Iglesia saca provecho de la tensión, del conflicto latente entre los personajes, y es lo bastante inteligente como para no perder tiempo en la biografia de cada uno de ellos –que a la luz de los hechos que se narran no tiene importancia, además tenemos mas o menos claro el mono que pinta cada uno de ellos en el mundo- y llevar adelante esta historia, de modo que si bien nos puede importar un comino quien de ellos se va a salvar (a ratos uno hasta celebra el destino de algunos personajes) aun asi queremos saber como se va a resolver este entuerto, siempre con el habitual baño de humor negro y sarcasmo que es tan propio de la filmografía del buen Alex, acompañada de una cinematografia sublime, capaz de convertir un sucucho infimo e insignificante que se vuelve, por algunas largas horas, en el universo en que transcurre la historia.

Otro detalle a favor de De La Iglesia es su capacidad de sacar provecho de la contingencia. Cualquiera que lea las noticias sabe que hace ya su buen par de años que Europa se ha convertido en el blanco habitual del terrorismo internacional, y la contingencia de un atentado ha llevado al viejo continente a un nivel de paranoia tan alto o superior al estadounidense (la cuna de la paranoia a nivel mundial). De hecho, la misma semana que vi esta película esta aun fresco el atropello por un terrorista, a varias personas en el centro de Barcelona. De La Iglesia recoge esta paranoia, lo que vuelve a sus personajes aun mas desesperados, desconfiados, cinicos y desesperantes.

Puede que El Bar no este al nivel de las obras maestras de Alex De La Iglesia, conforme, pero ciertamente esta entre las buenas cosas que han llegado a las salas. Providencialmente, habría que agregar. Recibir, en tiempos de filmes sobre emojis y franquicias que no cumplen otra función que vender cajitas felices, un filme hecho con el oficio, inteligencia y cojones como este, aunque sea por poquito tiempo y espacio, es para agradecer.

 

Lobo Cinepata

Crítico de cine y blogger por ya más de 10 años, nuestro querido Lobo Cinépata se ha destacado por mantener una aguda pero justa mirada al mundo del cine y la televisión.

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